El Nuevo Museo de Melilla


                  Decepción en el Nuevo Museo

        Muchas cosas va a haber que decir del Nuevo Museo de Melilla, que para empezar no se entiende el porqué no es Museo Provincial o Autonómico. Habrá que enterarse el porqué se le ha entregado la musealización a una empresa y no a la propia Consejería de Cultura. No se explica esa extraña división en tres partes, a saber: “Arqueológico, Sefardí y Amazigh”, cuando todo es lo mismo y la cultura bereber está presente en Melilla desde los tiempos de Rusaddir. No se entienden muchísimas cosas, pero tiempo habrá de ir dando luz a todas.

                      Melilla islámica (siglos VIII al XV)

     Es la etapa histórica más larga de la historia de Melilla, repartida entre Omeyas, Almorávides, Almohades y Benimerines. Sin embargo, se la despacha con una sola estancia y todas la información histórica que se ofrece es la que se ve en la foto. Sin embargo, mi decepción fue grande cuando pude ver que en un Museo Municipal, se volvía a insistir en la “burda mentira” de que Melilla fue entregada por sus habitantes a los Reyes Católicos. Hay decenas de mentiras en esa sóla frase subrayada, la primera sería que Los Reyes Católicos desecharon la idea de conquistar la Ciudad de Melilla y lo hizo la Casa de Medina Sidonia.

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Y sin embargo, Melilla, fue conquistada

       Enrique Delgado

                  En 1998 publiqué una serie de 4 artículos  titulada “Una nueva visión de la conquista de Melilla” que se publicó los días 27 de septiembre, y el 4, 11 y 25 de octubre, en El Telegrama de Melilla, en los que cuestionaba en el fondo y en la forma, la actitud de los historiadores locales, que ante la evidencia histórica de la conquista de Melilla,  seguían cerrados en banda en la defensa del invento pseudo  histórico de “la res nullius” o tierra de nadie.

            El invento pretendía justificar que Melilla no había sido conquistada ni arrebatada a los musulmanes benimerines, bereberes, fesíes, guelayenses, tlemenceños  o a  cualquiera que la poseyese, porque yacía abandonada, completamente destruida y en estado desértico y en espera de ser conquistada por los españoles y esto último, que parece una digresión delirante, fue teorizado y plasmado por el Cronista Mir Berlanga, en una maravillosa cita hallada por mi amigo Carlos Esquembri. Dejo hablar al Cronista:    “Si Sevilla, Córdoba o Granada conservan huellas de los invasores árabes, en nuestra ciudad no dejó el Islam el menor recuerdo. NI un edificio, ni un monumento, ni una simple piedra labrada. Como si la Historia se hubiera complacido así en resaltar el sello español y cristiano de Melilla que se incorporó a Castilla dieciocho años antes que lo hiciera el Reino de Navarra”. La cita podría ser una anécdota de no haber sido porque la ideología que la sustenta, ha seguido  en pié hasta el umbral mismo de este artículo.

         En aquellas fechas dos libros habían cambiado mi percepción sobre la conquista de Melilla, el primero fue “No fuimos nosotros”, de Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia, en el que por 1ª vez mencionaba el Tratado de Tordesillas de 1494 y hacía referencia de la necesidad que tenía España de “procurarse las villas de Melilla y Cazaza”. Tras quedar sorprendido por la claridad de la cita y de la exposición, busqué en vano entre los historiadores locales ejercientes o ya fallecidos y ni en uno sólo encontré referencia alguna al Tratado de Tordesillas. En los artículos de 1998, mostré claramente mi asombro por el deliberado olvido de Tordesillas y en el 4º y último capítulo concluía: “La aparición de nueva documentación confirmará o no, algunas de las hipótesis esbozadas en estos artículos…..pero espero haber contribuido a  iniciar el sepultamiento de de 500 años de mentiras y de falsas historias acerca de La Conquista de Melilla”.

       La existencia del Tratado disolvía de un plumazo toda la línea argumental sostenida con encono por la historiografía local, es más dejaba claro de modo fehaciente e irrebatible que Melilla fue conquistada por el propio interés y voluntad de La Corona de España, que fue un acto muy premeditado,  muy pensado y muy bien preparado. Melilla es mencionada más de 10 veces en el Tratado.

      El otro libro que transformó completamente mi pensamiento y en donde ya aprecié la falacia deliberada sobre la que se asentaba todo el edificio de la tierra de nadie fue: “Los presidios españoles del Norte de África”, de Rafael Gutiérrez, en donde por primera vez se contaba que una pequeña parte de la población de Melilla, atemorizada ante la inminente conquista castellana, intentó negociar una entrega incruenta de la ciudad, cosa que no salió bien en un doble sentido, el primero e inmediato porque no consiguieron poner en almoneda a Melilla, el segundo porque con el correr del tiempo, los descendientes de aquellos primigenios traidores melillenses, serían expulsados de España en la definitiva expulsión de Los Moriscos en 1610.

     El año 1997, el del V Centenario hubiese sido un buen momento de darle un cambio a la historia de Melilla y empezar a comenzar a contar las cosas tal y como fueron, sin embargo las publicaciones fueron escasas y se siguió en la línea trazada por los ocultadores del pasado.

    En 2006 apareció el gran compendio de La Historia de Melilla, un libro sin cohesión interna y con unos altibajos enormes, en donde merece destacarse a José Manuel Cabo, Víctor Guerrero, Fernando López, Enrique Gozalbes, Vicente Moga y en donde ni un solo capítulo se denomina Melilla musulmana o Melilla islámica, pese a que indudablemente se habla de ese periodo, el más amplio de la historia de Melilla. Tampoco hay ningún capítulo dedicado a la conquista de Melilla ni a qué la motivó, ni como se llevó a cabo y por supuesto, no se menciona Tordesillas.

      El nuevo y deliberado olvido, me llevó a escribir y publicar en El Faro, 19/08/2006, un nuevo artículo titulado: “Melilla, 1497. Una conquista entre brumas”. En él insistía del modo más claro posible (sin éxito ninguno) en la necesidad de aclarar la fecha de la conquista, la dirección de La Armada, la duración de la conquista y volvía a reiterar la obligación ineludible de mencionar Tordesillas, como clave de bóveda de la política africana del Rey Católico.

En un último y desesperado intento por apuntalar el edificio ya arruinado y poco creíble de la “rex nullius”, apareció en 2008 “los Alguaciles” de Miguel Villalba, que fue recibido como la biblia de la no conquista de Melilla, la losa que cerraba cualquier debate ulterior sobre la anexión u ocupación. Melilla no sólo se había derruido a sí misma, como apuntara Mir Berlanga, sino que además, se había entregado entera, como objeto de cambalache, a la mayor gloria de Castilla.

Tras publicarse este libro (de indudable mérito pero erróneo enfoque),  y que fue exhibido ante el mundo entero, lancé la mayor ofensiva posible contra el supuesto día de Melilla publicando: “El día que nunca fue de Melilla, 17 de septiembre”, en el Faro y Melilla Hoy (13/09/2009) y el diario novelado de: “El día de La Conquista”, publicado en tres partes los días 18,19 y 20 de septiembre de 2009 en el diario El Faro.

El reconocimiento de que la conquista u ocupación de Melilla fue “un acto de Estado” por parte del profesor Carlos Gozalbes y la mención, ya sin ningún margen de duda o discusión al tratado de Tordesillas como desencadenante de la acción política y militar castellana, es un saludable hecho, que refrenda lo que algunos sosteníamos, en la soledad más absoluta, y falta de reconocimiento, desde hace 13 años. Queda mucho por hacer, pero este ya si es un punto sólido y verdadero de partida.

3 Respuestas a “El Nuevo Museo de Melilla

  1. Carlos Domínguez Varela

    Mi nombre es Carlos Domínguez Varela, mi bisabuela se llamaba Antonia Fito y López de Melilla, el linaje de los Melilla, no ha tenido ningún final en la península como Usted escribe en su blog, yo soy ejemplo de ello. Por tradición familiar y por transmisión de valores, dudo que mis antepasados fuesen traidores, por lo que estoy más cerca de las tésis de Don Miguel Villalba González en la interpretación de la historia de la conquista como es obvio, y como no puede ser de otra manera. Los Melilla defendieron durante siglos sus propiedades y su hidalguía de Solar conocido, refrendadas por ejecutorias de las Reales Chancillerías y a día de hoy todavía muchos descendientes de los primeros Melilla, somos descendientes de nobles linajes Castellanos como e mi caso concretamente del noble e ilustre Solar de Tejada.

  2. Carlos Domínguez Varela

    Cambiar tranmisión por transmisión, hidaguía por hidalguía.

  3. Corregido, y recibida gratamente su aportación. De su familia no tengo nada que decir. Los hechos que yo valoro y enjuicio son otros. El episodio de traición que yo describo ocurrió en Melilla en 1494. Unos alguaciles musulmanes de la ciudad de Malila. Ante la inminencia de la conquista castellana, entraron en contacto con los Reyes Católicos. Conocida su acción por los pobladores de la ciudad, fueron expulsados y se afincaron en la zona de Torrox, recibiendo títulos y heredades. Esto es lo conocido y lo que publicaron varios autores, entre otros el señor Miguel Villalba. En su libro ya se cuenta que parte del linaje de los Melilla, con varias generaciones en la península, ya cristianizado, permaneció en el solar hispano.
    En la primera rebelión morisca, la de principios del siglo XVI, los Melilla, en su mayor parte, perdieron las propiedades recibidas y algunos de los títulos concedidos. Lo que quisieron se quedaron en la península, pero con lo puesto. En la segunda y definitiva guerra morisca, la del siglo XVII, un Melilla defendió la causa morisca y así es citado en las crónicas, desde un puesto militar de alto rango, se refieren a él como el “general Melulo”.
    Que quedó gente de ese linaje y procedencia y ya cristianizados, empezaron desde cero, es obvio. España está llena de “cristianos viejos”, procedentes de antiguos linajes moriscos.
    En cualquier caso, le reitero mi agradecimiento por su comentario.

Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre los turbulentos y a permanecer tranquilo entre el estrépito del mundo.

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